La vuelta al mundo… sin combustible

Algunos de vosotros ya habréis oído hablar del ambicioso proyecto de volarun avión alrededor del mundo solamente con energía solar, sin combustible. Suena casi como algo imposible; sin embargo, dos pilotos suizos lo están intentando en este mismo instante mientras leéis este artículo con un avión bautizado como Solar Impulse 2.

Captura2

Bertrand Piccard, el aeronauta suizo que el 21 de marzo de 1999 completó la primera circunvalación al mundo en globo aerostático sin escalas, acaba de iniciar otra aventura. El pasado 9 de marzo despegó desde Abu Dhabi en la primera etapa de su intento de dar la vuelta al mundo a los mandos del Solar Impulse 2, una endeble aeronave propulsada con energía solar.

El segundo piloto y cofundador, Andre Borschberg, explicó en la rueda de prensa de la presentación de la iniciativa queno es el primer avión a energía solar, sin embargo, es el primero en poder cruzar océanos y continentes”, tras 12 años de estudios de viabilidad, diseño y construcción del avión.

A pesar de tener una envergadura de 72 metros (más que un Boeing 747-8I), el avión sólo tiene espacio para una única persona al mando, aunque van los dos pilotos en el interior. Ya está volando en dirección este, y continuará hasta finalizar las 12 etapas de un viaje que espera llevar a cabo durante los próximos cinco meses.

mapa solar impulse

La etapa más complicada será el salto sobre el Pacífico desde Nanjing –cerca deShanghai y la costa china– hasta Hawaii, que supondrá cinco días de vuelo seguidos. El plan es subir hasta 8.500 metros de altura durante el día, mientras las 17.248 células fotovoltaicas situadas sobre las alas y el fuselaje del avión hacen funcionar con energía renovable los cuatro motores ultra-ligeros (17,5 CV cada uno y un 90% máseficientes que los motores térmicos convencionales) además de recargar las baterías. Estas baterías de litio que pesan 633 kg van recargándose durante el día lo que permitirá que el piloto, por la noche, descienda gradualmente hasta los 1.500 metros, racionando la electricidad hasta la llegada del alba. El fuselaje y resto de componentes del avión están fabricados con fibra de carbono; este material cubre el aparato por completo en láminas que son tres veces más ligeras que el papel. Esta es una de las razones por las que el peso de la aeronave sea de tan sólo 2.300 kg, comparado con los 400.000 kg que pesa un Boeing de similar tamaño.

solar-impulse

Los dos pilotos que dirigirán la nave lo harán por turnos en los periodos en los que tengan que cruzar los océanos, y cada uno tendrá que pilotar durante cinco días y cinco noches sin interrupción; esto supone entre 5 y 6 días en el aire casi sin dormir. La cabina está diseñada para acomodar a los pilotos lo mejor posible, aunque se han tenido que eliminar ciertos componentes –como la calefacción o el aire acondicionado, no lo más apetecible cuando la temperatura exterior oscila entre los -4 y +37ºC–. Lo que sí tienen es un aseo integrado justo debajo de la silla reclinable del piloto. A esto se le suma que no hay piloto automático en el sistema, por lo que cuando duerman, si el avión se inclina más de 5 grados, las mangas de sus trajes vibrarán para avisarles de que deben corregir el vuelo (han sido especialmente diseñados para el proyecto).

A fecha de publicación del artículo, 23 de marzo de 2015, el Solar Impulse 2 ya ha completado la cuarta etapa desde la ciudad india de Varanasi hasta Mandalay, en Birmania, y además en un tiempo récord. Estaba previsto que la etapa tuviera una duración de 20 horas pero gracias a los vientos favorables se pudieron completar el pasado jueves 20 de marzo los 1.400 km en 13 horas. Así, ya va quedando menos de los 35.000 kilómetros que tendrá que volar el avión en 5 meses a base de energía solar, con 25 días de vuelo efectivo.

dibujo vuelo

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Este nuevo intento de Piccard y su compañero Borschberg, nos recuerda a las novelas de Julio Verne y despierta nuestra imaginación. Pero, dejando a un lado el aspecto aventurero del viaje, ¿hay alguna posibilidad de dar un uso práctico a esta tecnología renovable en el campo del transporte aéreo? La respuesta desde un punto de vista logístico, mucho me temo, incluso en un futuro y con un desarrollo optimista de la energía fotovoltaica, es negativa debido a la envergadura necesaria para generar suficiente empuje y hacer volar el avión; se necesita una superficie de 1 metro de ala por cada kilogramo de peso a transportar. Será necesario, a mi parecer, buscar usos más terrenales para la energía solar y otras fuentes energéticas para volar.

Silvia Iriarte

*Si estáis interesados en ampliar información podéis visitar la web http://www.solarimpulse.com y seguir la hazaña en Twitter @solarimpulse

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